Sunday, August 06, 2006

Lonco

Antes de comenzar mi recuerdo, debo aclarar que esta foto no es pecisamente la de mi difunto perro, pero ésta refleja exactamente de como era.
Se me fue un amigo muy especial debido a un cuadro infeccioso que desencadenó en una neumonia.
Lonco era un personaje. Vivaracho, juguetón, farrero y bohemio, leal, extremadamente cariñoso, sensual; en una de sus escapadas nocturnas conoció a una perrita negra Rottweiller y se la trajo a la casa al día siguiente. Mi madre no estaba muy conenta con la idea. Desde mi ventana de mi dormitorio los veía haciendo el amor sin recato. Luego, ella se metía a la casa del Lonco y él fuera de ella la miraba con ternura.
Cuando yo salía al patio de mi casa, se acercaba a mí para que le hiciera cariño. Ponía su carita pegada a mi mano y me la corría hacia su izquierda para así colocarse entre mi brazo y mi pierna; todo esto, para ganar mi atención. A veces, andaba inquieto con ganas de hacer travesuras y se escapaba a la calle para lanzarse a la vida. Luego de dos o tres días en que andaba callejeando, regresaba a comer súper hediondo, sucio y a mal traer. Llegaba destruido, pero no se puede negar que lo pasaba excelente, en compañía de su club de "Tobby" perruno o con unas buenas perras dispuestas a todo. Vayan ustedes a saber que este personaje dejó una buena descendencia por el sector, jaja.
Bueno, en unas de estas "escapadas" llegó pésimo con una infección. En esos días había llovido un poco y estaba bastante frío. Finalmente, esta última aventura le pasó la cuenta.
Al Lonco lo extraño mucho. Recuerdo que, en ocasiones cuando me acercaba a él para hacerle cariño, él, acostado, me miraba hacia arriba con sus ojos dejándome un mensaje claro: no quería pescarme; quería estar solo sin que nadie lo molestara. Recuerdo con risa aquellos momentos en la mañana cuando, después de haber tenido una agitada jornada laboral la noche anterior haciendo guardia, se echaba a dormir en el pasto frente a su casa como un choapino. Se veía muy divertido.
Quien sabe, Dios, dentro de su infinito misterio, a estos animales como los perros que son capaces de demostrar sentimientos de nobleza, les creó un plano de espiritualidad quizás menos evolucionado que el de nosotros, pero suficiente como para que su espíritu esté junto a sus amos. Eso, Dios nomás lo sabe.

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