Sunday, May 28, 2006

Un frustrado amor, un final feliz

El siguiente, es un relato que me sucedió hace ocho años. Es una historia de un amor frustrado. Sin embargo, le agradezco a Dios haberla vivido.

Por respeto a la identidad de los involucrados, voy a cambiar sus nombres.

Era el año 1997 cuando estaba yendo a la Universidad, y conocí a una hermosa mujer llamada Fabiola; era mi compañera de curso en la carrera de Derecho. Ese año no sentí nada por ella pues me gustaba otra compañera llamada Sandra, pero esa atracción era más bien superficial. Ella era muy linda, pero no llegué a enamorarme de ella. Bueno, con el correr de los meses de aquél año, me empecé a fijar en Fabiola; sentía que podía ser mi polola. Al respecto, me faltó más atrevimiento, más audacia para cortejarla, pero en fin, ya pasó. Ella era muy amiga de Carlos; salían juntos, estudiaban para los exámenes juntos; me representé interiormente que podía haber algo entre ellos dos, pero tendí a autoconvencerme de que no; que eran simples amigos. Sin embargo, empecé a percibir en ella ciertos gestos hacia mi persona que escapaban en cierta medida de los de una simple amistad; nunca se me insinuó en forma explícita, pero era demasiado cariñosa conmigo, por ejemplo, me acuerdo cuando me llamó por teléfono a comienzos del año siguiente -año 1998-, para manifestarme su alegría cuando supo que me había ido bien en un examen de Derecho Civil que patié para Marzo. En la misma llamada, me dijo que me había echado de menos. Ahí pensé que se me estaba abriendo una ventana ya que, no obstante ellos habían salido antes a Olmué de vacaciones de verano, sentía que podía sentir por mí algo más que una simple amistad. En el transcurso de los meses de ese año, me empecé a enamorar de ella. Así, empecé a insinuarme para que ella interpretara de que me interesaba. Pasaron varios meses sin decisión fnal por mi parte, hasta que decidí hablar con ella y decirle todo lo que sentía. Nos pusimos de acuerdo para juntarnos en el patio trasero de la U, en una hora en la cual se impartía un ramo en que no era tan riesgoso faltar: Derecho Minero. Le hablé. Me me miró con mucha ternura, y fue extremadamente delicada para decirme que no. Era efectiva mi sospecha: estaba enamorada de Carlos. Me sentí muy triste, frustrado. Con el correr de los días, empecé a adoptar una actitud del todo inmadura e injusta con ella; empecé a hacerme el sentido con ella -la verdad lo estaba-, ya que esperaba que por lo menos se acercara a mí como amiga, pero la verdad es que la quería para mí como mujer; me estaba engañando groseramente. Ella se alejó un tiempo corto de mí por razones obvias, aunque todavía éramos compañeros de curso -lo era también de Carlos-. Mi desgaste emocional era considerable al verlos siempre juntos. Cuando mis sentimientos fueron tomando un cauce más normal, percibía que Fabiola era mucho más demostrativa con Carlos que él con ella. Nunca ví en él un abrazo espontáneo hacia ella, nunca lo ví demostrándole pasión en los besos que se daban. No los veía como a otras parejas que se compenetraban en forma bilateral. En esta relación veía una persona que lo daba todo en forma unilateral. Me ponía a pensar que nosotros dos nos estábamos desgastando inútilmente; yo por ella y ella por él. Al tiempo después, la relación entre Fabiola y Carlos se materializó en un pololeo formal. Yo ya escuchaba comentarios de mi amigo Esteban, que era a su vez amigo de ellos dos que Carlos no la quería. Pensaba que estaba con ella porque no tiene hermanos y su madre desgraciadamente había muerto. Entonces me decía a mí mismo que ella le estaba dando una cierta estabilidad emocional; que le estaba en cierta medida llenando aquel vacío de no tener hermanos y madre. Entonces ahí empecé a dimensionar la maravillosa mujer que tenía Carlos a su lado. Pero, como no veía esa correspondencia mutua, empecé a atacar nuevamente, pero desde un bajo perfil. Una estrategia que utilicé fue la de componer una palabras poéticas para ella, en la que decía algo así como: "En un día iba caminando en una verde pradera llena de flores. De pronto, me encontré con un florcita que destacaba con respecto de las otras por su belleza. De ella salían colores como de arcoiris. Me enamoré ella. Quería tomarla y acariciarle sus pétalos de algodón; quería besarle el tallo de su cuello. Decía también en esta composición: "...Quiero ser su jardinero; regarla con el torrente de amor que sale de mi corazón. También quiero sacar toda la maleza de su alrededor, en fin cuidarla día y noche. Te amo mi flor querida, te amo Fabiola." Eso fue más o menos lo que le escribí. El año 2002, le pedí pololeo de nuevo y me dijo que no nuevamente. Al rato después en que me dijo que no, le dí esta nota poética. Con este episodio, dí por cerrado este cápítulo de mi vida.

El 2006, se casó con Carlos. Me alegro mucho por ella, porque perseveró hasta la saciedad por él. Espero de verdad que sea plena en él y él en ella. Ojalá que Carlos aproveche el regalo que Dios le concedió: el de tener una gran mujer a su lado.

En mi caso personal, le agradezco a Dios el haberme dado el privilegio de amar a una mujer como Fabiola. Aunque se frustraron mis planes para con ella, esta experiencia me hizo más humano; más hombre.

Mientras tanto...

Seguiré buscando otra florcita en este jardín de la vida.